sábado, 13 de julio de 2013

Recuperar la conciencia

Es tiempo de aprender ya de una vez por todas que la dignidad no viene envuelta en papel de regalo.



Si algo malo tiene la abundancia es que hace olvidar el esfuerzo que requiere tener lo necesario. Nuestros abuelos lucharon. Nuestros padres también. Nosotros... Bueno, nosotros más o menos, según los casos, pero no mayoritaria ni colectivamente. En general puede decirse que la vida se nos dio bastante resuelta.

Flaco favor nos hicieron dándonos tanto confort. Tuvimos una vida fácil. Vivimos como si todo bajara del cielo. Olvidamos quien era el amo, quienes sus esbirros, quienes nuestros explotadores... Lo olvidamos todo menos vivir lo mejor posible, gozar, pasarlo bien...

Durante años hemos vivido como si en el mundo no hubiese malvados abusando de sus víctimas, explotándolas para su beneficio y de rebote el nuestro. Cierto que de vez en cuando alguna organización humanitaria nos pedía firmar en favor de los derechos humanos en algún país lejano, pero... Que en el mundo hubiese gente que para sobrevivir tuviese que llevar a cabo agotadoras jornadas en régimen casi de esclavitud, no era asunto nuestro. Lo nuestro era vestir bien y barato, tener buenos coches, buenas viviendas, buenas vacaciones...

Nunca durante esos años de abundancia se nos ocurrió pensar que los opresores estuviesen dispuestos a mordernos la yugular a nosotros. ¡Qué va! Eso era tiempo pasado, medieval, viejos derechos de pernada ya caducados. Ahora cada cual era muy libre de hacer lo que más le convenía. Estábamos en Europa, no en el tercer mundo.

Nos hicieron creer que estábamos todos empeñados en un mismo esfuerzo, el de vivir cada día mejor. Como si para eso no hubiese quien tuviese que vivir cada día peor. Como si el bien de unos no se afianzase en el mal de otros. Extracciones a cielo abierto, pesca intensiva, monocultivos, deforestación, maquilas, agro negocio, tierras arruinadas, pueblos empobrecidos... Tan solo ganancias o pérdidas, todo mesurado desde una perspectiva financiera, con ignorancia expresa del costo humano y ecológico de todo ese modo de hacer. Pero ¿quien sufre las consecuencias de esa disparatada forma de pensar y actuar? ¿Quien paga el costo? Es fácil ignorarlo, puesto que los principales medios de difusión no nos informan de ello, sino que se ocupan de distraernos a la par que de desinformarnos.

En ese estúpido afán de vivir cada vez de un modo más confortable, hemos llegado a olvidar que los amos son siempre los amos, aun cuando adopten maneras amables y vayan de compañeros de viaje. Hemos llegado a identificarnos con ellos, adoptando su modo de pensar, de sentir, de codiciar, de ignorar la injusticia... ¡Necios! Ha sido necesario que nos cayesen encima, que nos hiciesen ver claramente el lugar donde en realidad estamos, que no es otro sino el de los esclavos, para que empezásemos a pensar que quizá andábamos equivocados. Y aun no todo el mundo, porque una gran parte de la población a lo único que alcanza todavía es a quejarse, no a reflexionar.

Es más fácil derribar un edificio que construirlo. Destruir la conciencia de clase ha costado poco esfuerzo a los opresores. Consumismo, confort, apariencia de riqueza... Hemos sido sin siquiera apercibirnos de ello la principal fuente de su poder. Recuperar ahora esa conciencia va a costar lo suyo. Quizá se tarde años. Quizá no se consiga. El individualismo está arraigado en lo más hondo de cada habitante de este planeta Tierra. La idea de “quien pueda más que apriete”, de que “hay que estar al lado de los vencedores” es la que late en casi todas las mentes. Pocos son quienes ven en el vecino a un hermano, a un igual, a un ser necesario para hacer camino, para hollar nuevas sendas, para construir una sociedad y un mundo donde habitar libre y fraternalmente.

Hemos entronizado el becerro de oro en nuestra mente, en nuestro modo de pensar y de sentir. La codicia gobierna nuestras vidas y la vanidad la alienta. Miramos con desprecio todo cuanto no tenga una referencia tangible, cuantificable. Los logros materiales ocupan el primer plano de la vida, muy por delante de la dignidad, la fraternidad, el amor... Hemos destruido la conciencia social y ahora no sabemos como empezar a poner las piedras para construirla de nuevo. Mal lo tenemos si no lo logramos, porque el ser humano para subsistir necesita ir codo a codo con su hermano.

http://lists.kaosenlared.net/secciones/s2/opinion/item/62931-recuperar-la-conciencia.html

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