miércoles, 23 de octubre de 2013

¿Alguien duda de lo que cabe esperar del papa Francisco? *

Pues motivos para dudar no hay demasiados, a menos que se tenga una ingenuidad a prueba de fuego.


Alguien que en ningún momento durante el tiempo en que fue Nuncio condenó los crímenes de la dictadura militar argentina; que al comienzo de su andadura toma en su equipo de trabajo al filogolpista cardenal hondureño Oscar Rodríguez Madariaga; que aborda con autoritarismo el conflicto pendiente con las religiosas norteamericanas; que dice no tener prejuicios contra las personas homosexuales pero no hace ni un solo gesto para modificar la doctrina que las condena; que dice no estar de acuerdo con el acto político-religioso de la beatificación de “mártires de la contienda española” pero asiste a la misma desde una pantalla gigante... ¿Acaso no son evidencias de doblez más que suficientes todas ellas para el poco tiempo que lleva rodando?

En cuanto al ecumenismo, no cabe esperar sino que siga la línea que inició el polaco Wojtila y trate de fagocitar iglesias, grupos, congregaciones y lo que haga falta para contrarrestar la disidencia y compensar a la vez la merma de feligresía de esa ICR que lleva largo tiempo ya en franco declive.

Es doloroso ver la ingenuidad con que organismos de buena fe se acercan a esa montaña de intrigas y farsas que es la jerarquía católica romana. Hombres que a lo largo de su vida han mantenido una actitud crítica más que razonable con el papa que les toco lidiar ceden hoy a los encantos de esa imagen de bondad que más responde a estrategias urdidas por hábiles especialistas de imagen que a la realidad de la persona que las encarna.

Una vez más el poder se afianza en la ilusión. El deseo de una reforma auténtica que anida en el corazón de esas gentes de buena fe hace que confíen en los ardides que esa “santa madre iglesia” que no es sino un instrumento al servicio de los poderes terrenales.

El hereje impenitente que esto escribe está plenamente convencido de que este papa va a hacer cuanto pueda por aumentar el poder de la Iglesia Católica Romana (ICR), pero nada en absoluto por convertirla en instrumento de la buena nueva que la humanidad anhela. /PC


* A propósito del artículo de Domingo Riorda ¿Quo Vadis Ecumenismo?
http://ecupres.wordpress.com/2013/10/23/quo-vadis-ecumenismo/




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