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viernes, 16 de abril de 2021

La España de la desmemoria

 

Primavera en el hemisferio boreal y, por ende, en España. Primavera climática, pero no política ni social. En los ámbitos social y político estamos viviendo el otoño más triste de cuantos recuerda quien esto escribe. 

Otoño, que no invierno, porque si bien el invierno es frío, duro hielo, congelación y muerte, durante él crece el día y a cada instante se acerca la primavera, que es el manifiesto mayor de la esperanza. 

Preludio de muerte es el otoño que empieza con la desmemoria, con la renuncia a recordar que en diversos momentos de la historia luchamos por nuestros derechos de seres humanos. Con el olvido de que somos seres dignos, no animales de carga, ni rebaño para nutrir a las bestias que el destino, el azar o la fuerza bruta nos ha colocado socialmente encima. 

En esta España desde la cual escribimos, la esperanza murió ocho décadas después de aquel 1 de abril de 1939 en que el fascismo se proclamó vencedor en su lucha contra quienes defendían la dignidad humana de una población secularmente sometida. 

Porque incluso durante el duro y largo invierno de la dictadura que siguió a aquella triste fecha, hubo esperanza. La hubo en gran parte de quienes sobrevivieron a aquel terrible genocidio y confiaban en reemprender la lucha en algún momento. La hubo en quienes años más tarde nos incorporamos a esa esperanza del mejor modo que pudimos. 

Pero empezó a agonizar la esperanza a partir de la instauración de la democracia en 1978. Todo el franquismo se volvió demócrata de la noche a la mañana. Quienes el 1 de abril de 1939 proclamaban el triunfo del fascismo y la brutalidad en España lograban, a partir de entonces, borrar el pasado y seguir gozando de todas las ventajas que les aseguró aquel triunfo. 

Ya el pasado no fue. España era pura democracia. Nunca hubo en ella opresión. Nunca fue una plutocracia. Las revueltas obreras del pasado carecían de fundamento. Aquella República que se proclamó el 14 de abril de 1931 era una concesión al más absoluto libertinaje. Por eso tuvieron que erradicarla. Por eso habían tenido que alzarse en armas contra ella. Por eso hizo falta devolver el orden a aquel pueblo insurrecto influenciado por el comunismo ateo. 

Ese fue el discurso de los nuevos demócratas y ese sigue siendo. No hay que recordar lo que no existió. Ni las luchas obreras. Ni sus pequeños triunfos, como fue el de la instauración de aquella república en 1931. 

Tampoco hay que recordar las represiones de la oligarquía. Ni la maldad de quienes las llevaron a cabo. No. España es hoy un ejemplo de democracia. En ella reina la paz. Nadie aspira a nada que no sea lo que de buen grado da el orden establecido. O sea: ALGO DE PAN Y MUCHO CIRCO. 

Mucho circo para atontar, para estupidizar, para adormecer las conciencias, para que el pueblo no sea pueblo y sea un manso rebaño. Y así quienes impunemente decretan hambre i miseria en el mundo entero y las imponen mediante leyes y guerras cuando les conviene, no tendrán oposición alguna. Y un mundo de esclavos felices los reverenciará. 

Olvidar las fechas. Olvidar los hechos. Olvidar las causas. Olvidar. Vivir sin memoria para no sufrir, para ser insensibles, para ser parte de un gran rebaño sumiso al poder. Ese es el gran proyecto de la plutocracia en esta Civilización Occidental Cristiana, según la denominó León Ferrari. Y da la impresión de que lo está logrando.

Por suerte, no todos los seres humanos están hechos de la misma pasta. Ahí está la revuelta de las mujeres, que acá en España pudieron ejercer su derecho al voto el 19 de noviembre de 1933, bajo el gobierno de aquella república que hoy yace en el olvido. Otras son hoy sus reivindicaciones, pero no su espíritu, pues no cesan de luchar por todos sus derechos.

Las fechas pueden caer en el olvido. Los medios de desinformación pueden llevar su labor hasta cotas impensables de perfección y eficacia, pero si hay algo que difícilmente se puede exterminar es el sentido de lo justo inherente al alma humana.

No serán las ya viejas reivindicaciones sino otras nuevas. Las que vayan surgiendo a medida que el poder imponga nuevas limitaciones. No sabemos lo que será. Quizá lo que menos imaginamos. Pero mientras haya un solo ser humano en el planeta Tierra, habrá quien luche por un mundo más justo y más humano./PC

Publicado en ECUPRES: https://ecupres.wordpress.com/2021/04/14/la-espana-de-la-desmemoria/ 

 


jueves, 1 de abril de 2021

1 de abril Día de la Triste Memoria


Triste, porque no hay memoria más triste que la vencida por el olvido. Y lo que se ha olvidado en la España de hoy, entre otras muchas cosas, es que el día 1 de abril del año 1939, Francisco Franco, jefe supremo de las fuerzas fascistas que se rebelaron contra el legítimo gobierno de la República Española, proclamaba: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”.

Franco proclamaba el triunfo de las tropas fascistas sobre el ejército republicano y, a un tiempo, el comienzo de una sangrienta dictadura cuya sombra alcanza nuestros días.

Más de diez años de limpieza ideológica siguieron a aquella victoria fascista. Cualquier indicio de rojez era motivo de investigación y castigo. La muerte, el exilio y la cárcel dejaron en la orfandad a quienes aspiraban a construir una sociedad más justa. Una vez más la plutocracia había vencido.

La esclavitud, más o menos disimulada, seguía oprimiendo al pueblo español. Prohibidos los sindicatos salvo el Sindicato Vertical establecido por el régimen que regulaba las relaciones laborales establecidas por el gobierno. Prohibidas las huelgas, las reuniones, las manifestaciones de disconformidad. Controlados todos los medios de información, que así siguen.

La Iglesia Católica Romana bendijo aquel alzamiento militar y la dictadura que le siguió. Nunca aquella Iglesia ha pedido perdón por haber bendecido aquella guerra y aquellos crímenes que se hicieron, decían, para salvar a España del comunismo ateo. Y así, tras aquellos salvadores asesinos vino la clerecía salvadora de almas. “Hay que meterlas en el cielo aunque sea a puntapiés”, decía un cura conocido de quien esto escribe.

La violencia cambiaba de forma pero seguía. El único matrimonio válido era el católico. El concubinato era delito. Los únicos nombres válidos para la inscripción en el Registro Civil de los seres que venían al mundo eran los castellanos y católicos. La doctrina católica se enseñaba obligatoriamente en todas las escuelas. Los curas predicaban hasta por la radio en tiempo de Cuaresma. El silencio era obligado en Semana Santa y ni hablar en voz alta se podía, pues cualquiera que pasara por la calle podía ser un policía vestido de paisano.

Luego llegaron los ministros del Opus Dei y dieron comienzo los “Planes de desarrollo”. Se trataba de que la gente estuviese contenta y trabajase con alegría. Y así, llegó el consumismo para ya nunca más desaparecer. La gente trabajaba 12 y hasta 14 horas diarias para poder comprar el frigorífico, la lavadora y el televisor. Y para la clase privilegiada, es decir quienes explotaban a quienes estaban socialmente más abajo, estaba el coche, que se establecía como signo inequívoco de superación social.

Aquel gran disparate de miseria humana no podía durar siempre. Llegó un tiempo em el que las dictaduras no estaban bien vistas en la Europa que contribuyó por activa y por pasiva a instaurar la que en España regía. Y aprovechando que el dictador murió, quienes manejaban la política en aquel momento buscaron el modo de transformar la dictadura en una democracia, pero sin que nada cambiase. Nuevas leyes, nuevas formas, pero los poderes fácticos en las misma manos.

Sobre la base de la limpieza ideológica se estableció un nuevo pensamiento hegemónico. ¿Para qué pensar en reivindicaciones sociales si podemos ser felices distrayéndonos en la medida de lo posible con todo lo que la sociedad de consumo nos ofrece? Ahí está el quid de la cuestión. ¿Qué poner en primer lugar, el mero goce o la dignidad humana?

Y así hemos llegado a otro olvido: el de la DIGNIDAD HUMANA. ¿Qué es la dignidad humana? En un mundo dominado y gobernado en gran parte por sinvergüenzas que no dudan en sacrificar a pueblos enteros en provecho propio, ¿vale la pena pensar en la dignidad humana? ¿No es mejor sobrevivir lo mejor que se pueda sin complicarse la vida por nada ni para nada?

Cada cual tiene su respuesta, pero ya vemos lo que está ocurriendo con ese olvido. Una forma de vida insolidaria que prioriza los negocios a la salud. Multitudes que, desoyendo las recomendaciones médicas, eligen divertirse aunque eso cueste la vida a miles de personas, abandonadas muchas de ellas en residencias geriátricas a las que apenas llega el recuerdo de quienes de ellas recibieron la vida. Destrucción de la naturaleza y aumento de la desigualdad entre los pueblos del planeta Tierra. Y podríamos seguir contando.

Día 1 de abril, Día de la Triste Memoria en España. Pero solo un día más de la victoria de la indignidad sobre la dignidad humana en el mundo entero. /PC.

Publicado: https://kaosenlared.net/1o-de-abril-dia-de-la-triste-memoria/ KAOS EN LA RED 

viernes, 14 de febrero de 2020

Cataluña tierra de ratones



El conflicto territorial sigue siendo en España la excusa de que se vale la élite política para manipular a la población y poder seguir así defendiendo los intereses de los ricos.

Ingenuamente cree el pueblo catalán independentista que cuando los políticos catalanes no dependan de los españoles habrá más justicia social en Cataluña. Casi nadie repara en que los líderes de las dos principales fuerzas independentistas son tan de derechas y neoliberales como sus pares españoles, que están por la privatización de todos los servicios que son básicos para el bienestar de la población y que tan enemigos son del pueblo unos como otros.

Acá en España, y en gran parte del mundo, se ha impuesto el sistema de democracia que cuenta la fábula “Mouseland” (Tierra de ratones), según la cual los ratones eligen para que los gobiernen a gatos blancos y gatos negros alternativamente. (1)

El control de los medios informativos por parte de la clase adinerada hace que la desinformación impida que el pueblo vea con claridad las maquinaciones y patrañas de quienes gobiernan.

El control de los poderes estatales sobre el acceso a la política impide a su vez que accedan a ella quienes no van a defender los intereses de las clases privilegiadas, que son las que pagan el sueldo a quienes llevan a cabo tales controles.

El resultado de dichos filtros es una falsa democracia o, como bien señaló en su día José Luís Sampedro, una auténtica plutocracia. Son los ricos quienes imponen su voluntad mediante sus fieles servidores.

Los ricos promueven a sus protegidos para los cargos públicos. Saben que les deberán el fabuloso sueldo que dichos cargos conllevan y que lo van a perder si no defienden los intereses de quienes los promovieron. Y así es como los ricos imponen su voluntad sobre el pueblo.

Una prueba evidente de lo que exponemos está en la propuesta de ley de contratos de servicios a las personas, conocida como “Ley Aragonés”, hecha por Esquerra Republicana de Catluña (ERC) y apoyado por su socio de gobierno Junts per Catalunya (JxCat). Ambos partidos son de ideología neoliberal, pese a que en el nombre de ERC figure en primer lugar Esquerra (Izquierda). Dicha ley propone la privatización de 250 servicios públicos en Cataluña y es la puerta abierta a privatizaciones masivas.

Más de 50 entidades, asociaciones y sindicatos se han opuesto desde el comienzo a esa ley que representa pérdidas importantes de bienestar para las clases más desfavorecidas del pueblo catalán.

A la vista de las numerosas manifestaciones de desaprobación por parte de asociaciones civiles, los grupos políticos de la oposición, que en principio daban soporte a la propuesta ley, han decidido oponerse a ella. Pero que nadie se haga ilusiones, que no es el bienestar de la población lo que motiva su cambio de actitud sino el oportunismo político. Un oportunismo que en cualquier momento les hará cambiar de posición.

Una vez más ha quedado demostrado que solo el pueblo puede defender los intereses del pueblo. Que gran parte de los políticos son unos venales. Que venden su alma al diablo con gran facilidad, creando de ese modo una infinidad de infiernos acá en la tierra. Y lo que es peor: creando un modo de proceder contrario a toda ética y principios de humanidad.

Pero haya esperanza o no de que eso cambie, una cosa debemos tener clara: el pueblo podrá ser vencido en miles de batallas, pero solamente la lucha podrá evitar que caigamos en la total esclavitud. /PC


Publicado en ECUPRES

domingo, 20 de octubre de 2019

La ira estalla en Cataluña



Los jueces españoles dictaron sentencia condenatoria a los presos independentistas catalanes y la ira estalló en Cataluña. Los desmanes de los grupos manifestantes han superado todo lo previsible. Han interrumpido el tránsito urbano, han cortado las principales rutas interurbanas, han sitiado el aeropuerto hasta impedir el tráfico aéreo, han intentado asaltar edificios públicos estatales, han quemado contenedores de basura en las calles y, por si todo eso fuese poco,  han protagonizado enfrentamientos con grupos de manifestantes fascistas que ha hecho intervenir a la policía para evitar que se matasen entre sí.

Grande la tarea que los políticos catalanes independentistas vienen llevando a cabo desde que en el año 2011 el gobierno autonómico catalán de derechas decidió promover el afán de independencia para asegurarse votantes. Propaganda patriótica en todos los medios de comunicación dependientes de la administración catalana, manipulación de los informativos, falseamiento de hechos históricos, enaltecimiento de la nación catalana, siembra de banderas independentistas por doquier, manifestaciones masivas en fechas de significado histórico catalán…

Como colofón de tanta campaña patriótica, una declaración unilateral de independencia a cargo del entonces presidente de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont, quien acto seguido se refugió en Bélgica huyendo de la justicia española que lo acusa de haber violado la legalidad vigente. Desde allí prosigue su campaña en pro de la autoproclamada República Catalana, cuya defensa corre a cargo de guerrillas urbanas que con el nombre genérico de Comités de Defensa de la República (CDR) están protagonizando el vandalismo que impera en Cataluña.

Todo sea por la patria. Por la patria y por ocultar las estafas que se les estaban descubriendo a los políticos catalanes de derechas que ocuparon el gobierno autonómico durante veintitrés años.

Actualmente la mayor parte de los integrantes de las guerrillas CDR son gente joven que no ha vivido la opresión de la dictadura franquista. Responden a un odio atávico exacerbado por la propaganda que en estos últimos siete años han hecho las organizaciones patrióticas catalanas. No son conscientes de la manipulación de que son objeto por parte de unos políticos catalanes tan corruptos como los españoles de los que pretenden librarse.

Si el patriotismo consiste en amar la patria de la cual nos sentimos parte. Si la patria es el país donde hemos crecido, con su gente, su cultura, su modo de sentir y de ser. Si amar consiste en cuidar y aportar, en unir esfuerzos para lograr una vida mejor para toda la población. Si ser patriota consiste en defender derechos, pero no en ponerse de parte de quienes los vulneran, de quienes eslavizan a la población con impuestos y políticas neoliberales que siembran desigualdad y miseria. Si eso es así, entonces debemos reconocer que esos pobres diablos que obedecen órdenes de políticos neoliberales no son patriotas. A lo sumo serán unos pobres ingenuos que no saben lo que hacen.

Somos conscientes de que el secular autoritarismo de los gobiernos españoles permanece como en los mejores tiempos de la dictadura. Nunca el diálogo y la voluntad de convivencia política han triunfado en España, patria de codiciosos conquistadores. Pero sembrar odio es peligroso. En todo tiempo desde que tenemos memoria histórica, el sentimiento identitario ha sido causa de desmanes, crímenes y guerras en el mundo entero.

Lanzar a la población a una confrontación identitaria para obtener beneficios electorales puede ser válido en política, pero no nos parece ético ni sensato. Si algo es difícil de controlar y a la vez fácil de manipular en el ser humano son los sentimientos identitarios. Porque somos gregarios, porque no soportamos la soledad, sentimos necesidad de identificarnos con algún colectivo que nos dé seguridad. La idea con que nos identificamos late siempre en lo más hondo del corazón.

Los políticos independentistas y de derechas catalanes han abusado del sentimiento adverso hacia el Estado español. Las consecuencias que eso puede acarrear pueden ser muy graves. No tan solo pueden causar perjuicios políticos para el pueblo catalán sino también para el resto de España, de la cual, de grado o por fuerza, somos parte.

Quienes a lo largo de nuestra vida hemos padecido la opresión del Estado español y hemos hecho cuanto ha estado a nuestro alcance para combatirla rechazamos ese irracional independentismo que unos políticos catalanes han fomentado para su propio beneficio.

La desigualdad que generan las políticas neoliberales que imperan en el mundo y concretamente en nuestra patria exige la unión de todas las clases oprimidas. De no ser así, la opresión continuará, tanto si Cataluña es parte de España como si es un estado independiente. La guerra de los ricos contra los pobres seguirá y quienes ahora gozan de un cierto bienestar de clase media acabarán viendo cómo sus privilegios decaen.

Parémonos, pues, a reflexionar. Acabemos con la estulticia colectiva y apliquemos nuestras fuerzas a luchar contra el verdadero enemigo. Porque no seamos los más pobres del mundo no nos pongamos del lado de quienes defienden a los ricos opresores. Obremos sensatamente y luchemos por lo que debemos luchar. /PC

Publicado en ECUPRES

sábado, 19 de octubre de 2019

Luchar por qué y para qué




Estalló Ecuador y luego estalló Chile. El abuso de poder tensó tanto la cuerda que al fin se rompió. “Nos quitaron tanto, que nos quitaron hasta el miedo”, decía una proclama del pueblo chileno. Y es que cuando no se tiene nada que perder ya da igual perder incluso la vida. Y lo mismo en Ecuador.

No así en Cataluña, donde la lucha es puramente nacionalista. El nacionalismo catalán, fuertemente asediado a lo largo de los años de dictadura, y aun en lo que ahora denominan democracia, ha brindado a los políticos catalanes de derechas la oportunidad de exacerbar en beneficio propio, con fines electoralistas, el ánimo independentista entre la población catalana.

Aun sabiendo cómo los políticos catalanes manipulan los sentimientos del pueblo, resulta difícil mantener el ánimo sereno y una actitud ecuánime. El Estado español sigue en manos de las mismas fuerzas que sostuvieron la dictadura, como lo demuestra la severa condena aplicada a los líderes independentistas, hecho que han usado los políticos catalanes de turno para atizar la ira del pueblo catalán.

Por si no bastaba con la sentencia, Pedro Sánchez, el presidente en funciones del gobierno español, perteneciente al PSOE (la falsa izquierda del bipartidismo político español creado cuando vistieron de democracia la dictadura) ha declarado que los líderes independentistas han tenido un juicio justo. ¿Cómo entender semejante desatino? ¿Es pura estulticia o un anticipo de su intención de formar gobierno con el PP (la tradicional derecha franquista) para asegurar la “unidad de España”?

Por supuesto que tiempo le ha faltado al independentismo catalán para replicar al presidente con manifestaciones pacíficas que inevitablemente devienen violentas. Las organizaciones civiles Ómnium Cultural y ANC convocan manifestaciones de protesta por la injusta sentencia y el encarcelamiento de los líderes independentistas. Los CDR (Comités de Defensa de la República Catalana) y otros grupos autoconvocados se suman a las protestas. Nadie controla lo que esas guerrillas urbanas hacen.

La conducta de Quim Torra, el Presidente de la Generalitat de Cataluña (gobierno autonómico catalán) es poco menos que esquizofrénica. Arenga a los manifestantes y los anima a seguir en la lucha, al tiempo que les envía la policía para que los frenen. ¿Estará buscando ese complicado personaje que en los enfrentamientos con la policía acabe habiendo un muerto, para así aumentar la ira del pueblo?

Los políticos de derechas catalanes empezaron a promover el independentismo en 2012 con fines puramente electoralistas. Nunca fue independentista la derecha catalana. Sabían que el Estado español no iba a permitir la desmembración del suelo patrio, pero no era la independencia de Cataluña lo que pretendían sino tener votantes para seguir gobernando en la comunidad autónoma catalana. Con ese fin pusieron todos los medios de comunicación que controlaban a promover el independentismo. Siete años llevamos ya de lavado de cerebro programado. Los adolescentes de entonces son los jóvenes de hoy día. Esa es su forma de ensanchar la base independentista y el número de sus votantes.

Que nadie se confunda comparando las luchas de Ecuador y Chile con la de acá en Cataluña. Allí el pueblo sabe bien por qué lucha y para qué lucha. Acá el pueblo actúa desconociendo cuales serían las consecuencias de esa pretendida independencia de Cataluña si se alcanzara. No hay ningún discurso ideológico por parte de los políticos independentistas. Esconden su ideología neoliberal bajo la capa del nacionalismo.

Los combatientes independentistas catalanes tienen en común con los ecuatorianos y chilenos la indignación ante las injusticias, pero se diferencian en que los de acá no tienen ni idea de qué traman quienes los manejan. Los une el POR QUÉ, la indignación, pero se diferencian en el PARA QUÉ. Los de allá lo saben, los de acá no.

Acertó quien dijo que la incultura más nefasta es la incultura política. Actuar sin saber a quien se está beneficiando es extremadamente peligroso. La gente tira piedras a su propio tejado sin saberlo. La derecha catalana se vale del sentimiento de odio acumulado en gran parte de la sociedad para exacerbar los ánimos contra el Estado español y ganarse a un tiempo el apoyo político del pueblo indignado.

Lamentablemente no hay una izquierda catalana suficientemente organizada que pueda coordinarse con las izquierdas españolas. Si eso se diese, el Estado franquista acabaría cuestionando sus métodos, del mismo modo que Lenin Moreno en Ecuador y Piñera en Chile han optado por echarse atrás en su metodología autoritaria y represiva ante pueblos dispuestos a morir luchando si hiciese falta. Pero el enfoque nacionalista que la derecha catalana ha dado al conflicto y la poca organización de izquierdas que hay en Cataluña hace muy difícil esa unión.

El futuro de este conflicto es bastante impredecible. La Unión Europea no va a dar soporte a la secesión de Cataluña porque sería un desencadenante de conflictos en los estados que la constituyen. El Estado español lo sabe y eso hace que no esté dispuesto a ceder ante las pretensiones de los independistas. Sabe que tiene fuerza suficiente para aplastar cualquier rebelión y la estructura de desinformación necesaria para mantener la opinión pública a su favor. Solo la aparición en escena de algún agente político que imponga sensatez puede evitar los grandes males que ese loco enfrentamiento puede acarrear. Pero, ¿aparecerá a tiempo? /PC


Publicado en ECUPRES

viernes, 16 de agosto de 2019

Argentina recupera el pulso mientras España duerme



Qué gran aplauso nos merece el pueblo argentino en su rotundo NO a las mentiras de un gobierno de mafiosos represores, destructores de la cultura y de cuanto redunda en el bienestar de las clases menos favorecidas. Ese rechazo es una más de las muchas muestras de madurez política y conciencia social que a lo largo de su historia ha dado ese gran pueblo.

Mientras Argentina despierta del sopor en que la sumieron unos medios informativos al servicio de la más ambiciosa oligarquía, el pueblo español permanece impasible ante la continua avalancha de falsedades que los informativos no paran de segregar. Y así, en unas elecciones donde Unidas Podemos (UP) ofreció opciones de izquierda dignas de ser tomadas en cuenta, el electorado prefirió la vacuidad del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), un partido que desde 1982 es un bastión de la derecha disfrazado de izquierda.

No es extraña tanta estulticia en esta vieja España. Una profunda limpieza ideológica perpetrada por el franquismo, durante la guerra y después de ella, dejó el país sin mentes revolucionarias. Miles de muertos en combate y en la población civil. Miles de asesinatos posteriores al triunfo de los golpistas. Muerte y terror durante una larga dictadura de cuarenta años arrancaron de raíz todo el pensamiento humano que espíritus generosos habían sembrado. Y remató la desgracia cuarenta años más de una democracia de estilo burgués con los mismos poderes fácticos que sostuvieron la dictadura. La barbarie triunfó, y su triunfo llega hasta nuestros días.

Poca izquierda tenemos hoy día en esta vieja España, coto de caza de oligarcas y usureros. Pero menos sentimiento de dignidad muestra el pueblo cuando se le brinda la ocasión. El consumismo, con todo el aparato ideológico que conlleva, ha hecho estragos en la mente de la gente. Ya nadie piensa más allá de lo que afecta a su presente inmediato. Ya ni el futuro de sus hijos les mueve a pensar en la trascendencia de las decisiones políticas.

No luce la esperanza por acá en los tiempos que corremos. Ni en los años del nacionalcatolicismo hubo tanto lavado de cerebro como lo hay ahora. El terror y el clero juntos no pudieron lo que puede hoy día el televisor. Gracias a él y a los inestimables servicios de unos profesionales expertos en desinformación y publicidad, dejan de pensar las gentes y entran en permanente estado de idiotez. Y así, sin esfuerzo alguno, los bandidos profesionales ocupan los cargos que dirigen el destino de la nación.

La codicia de los ricos marca el ritmo de los azotes que recibe el pueblo desposeído. Una restricción tras otra va apretando la soga en las gargantas. La asfixia crece. La gente aguanta sin apenas respirar. ¿Hasta cuándo?

Hoy es el pueblo argentino quien grita BASTA. Su grito resuena lejos, como resonó el de todas las gargantas que lucharon y el de quienes dieron su vida en aras de la libertad. Fruto de esas resonancias fue la huelga de La Canadiense en Barcelona, en febrero de 1919, la cual dio lugar al primer decreto de jornada laboral de ocho horas que dictó un gobierno en el mundo entero. Nunca se sabe el alcance de una lucha. Pero ninguna es estéril.

Sabemos que los violentos no se van a rendir. Que su afán de tener esclavos no va a menguar por unas nuevas derrotas. Que van a morir matando. Que su política es de tierra quemada y campos sembrados de sal. Pero también sabemos que la humanidad progresó en derechos cuando unas almas rebeldes se lo propusieron.

Hay que evitar a toda costa que la molicie de las gentes se una a la violencia de los opresores. La lucha tiene diversos frentes y hay que combatir en todos. Hay que cultivar la rebeldía sin tregua. Todo es cíclico en la vida. Las semillas que esparce el viento germinan y arraigan cada tanto. Habrá que ver cuánto tardan en brotar de nuevo en esta vieja España. /PC

viernes, 14 de diciembre de 2018

Chalecos amarillos y revuelta catalana


Anda revuelto el panorama político en Europa. Crece el fascismo de forma arrolladora, al tiempo que estallan protestas en demanda de políticas más justas. En la calle se entrecruzan y a veces se mezclan los combatientes de uno y otro bando, lo cual propicia acciones que por su incivismo dan argumentos y alas a los gobiernos represores.

En Francia las justas reivindicaciones de los chalecos amarillos se han visto empañadas por la violencia de elementos fascistas infiltrados. En Cataluña las ancestrales reivindicaciones de un pueblo oprimido por el afán imperialista del estado español son manipuladas por políticos oportunistas que para nada están a favor de los derechos del pueblo y sí de la codicia de las clases privilegiadas.

Hemos señalado en repetidas ocasiones la confabulación de las derechas catalana y española para usar los sentimientos nacionalistas como cortina de humo que oculte las políticas neoliberales decretadas en todo el ámbito estatal. También el silencio cómplice cuando no la desinformación de los medios informativos. No cabe asombrarse, pues, de la abstención en los procesos electorales ni de que la violencia irrumpa en las calles. La causa está en la desinformación mezclada con el descontento y con la ira de la población ninguneada.

En un excelente escrito titulado “Cómo el tema nacional oculta el drama social…”, Vicenç Navarro hace un análisis de lo que estamos comentando en relación con España*. Y por noticias que nos llegan de Francia sabemos que crece la bronca contra Macron, que la directiva de la CGT francesa se ve desbordada por su base y pide unirse a los chalecos amarillos. Por suerte hay pueblos que no son tan mansos como sus gobiernos desean.

El afán de los ricos del mundo por seguir teniendo esclavos no ceja. Si antaño fue el uso de la fuerza bruta para hacerse con el poder hoy es la tecnología su arma principal. Desinformar al pueblo, robotizar los medios de producción para generar desempleo y hacer más vulnerable la población obrera son procedimientos que se han sumado a los tradicionales de leyes decretadas por las clases pudientes, a jueces corruptos impuestos por gobiernos traidores y a fuerzas policiales que en vez de proteger a la población la someten a palos.

No es el Espíritu de esa Navidad que el occidente de tradición cristiana se dispone a celebrar en breve lo que rige en los gobiernos de gran parte del mundo. Diríase más bien que la codicia, el desenfreno consumista, el desmesurado afán de poseer, más toda la inhumana forma de pensar y sentir que está en la base de la ideología capitalista han colonizado la mente y el corazón de nuestros pueblos.

Los gobiernos opresores se han sucedido a lo largo de los siglos. Aun así, la solidaridad y la lucha por el bien común han logrado remarcables triunfos, de los cuales hemos gozado durante años. Pero con el tiempo, el confort y la molicie que ese bienestar nos deparó han actuado como verdadero opio sobre la clase obrera. Ha sido preciso que las políticas neoliberales tensasen la cuerda en demasía para que una parte del pueblo adormecido despertase.

¿Será debido ese despertar a que el mensaje de humanidad y justicia social de esa Navidad celebrada año tras año ha calado en el corazón del pueblo?  ¿O será que en el alma de todo ser humano existe la semilla de esos grandes valores y solo necesita para germinar que se den las condiciones necesarias?

Sea como sea, alegrémonos y celebremos con gozo el extraño misterio que nos envuelve, porque la lucha por la justicia social es lo único que puede oponerse a la desmesura de la gente codiciosa. Bendigamos esa esa Luz que guía las acciones de quienes aun con riesgo se lanzan a la protesta. Bendigamos la rebeldía que anida en lo hondo del alma humana, porque es el motor que nos lanza en pos de un mundo más equitativo y más humano. /PC

·          “Cómo el tema nacional oculta el drama social: las elecciones andaluzas”

lunes, 24 de septiembre de 2018

Autoritarismo político y religioso en la España actual


  
El tiempo se detuvo en España en julio de 1936 cuando la minoría conservadora optó por un golpe militar para hacerse de nuevo con el gobierno tras haberlo perdido en las urnas.

Ocho décadas después de aquel lamentable giro de la historia, los poderes del Estado siguen en manos de los golpistas y buena parte de la población española permanece con la mente lavada por el nacionalismo y la religiosidad que la dictadura y la clerecía católica sembraron a placer.

Se detuvo entonces el tiempo y no se ha vuelto a poner en marcha nunca más. Cuatro décadas de aparente retorno a la democracia no son más que pura ficción. Hoy en España se encarcela con base en leyes obsoletas y aun con pruebas falsas a quienes osan desafiar, siquiera sea ideológicamente, al poder.

Viene a recodarnos una vez más la realidad expuesta en los párrafos precedentes la detención y enjuiciamiento del actor de cine y teatro Willi Toledo por sus declaraciones tras el enjuiciamiento de las organizadoras de la Cofradía del Coño Insumiso.

El 8 de marzo de 2013, con motivo de celebrarse el Día de la Mujer, un grupo de mujeres que se autodenominó Hermandad del Coño Insumiso desfiló por las calles de Málaga portando en andas, a modo de procesión, una escultura de plástico de cerca de dos metros de altura que representa una vulva. Con ella se plantaron frente a la catedral donde leyeron un manifiesto que reivindica los derechos de toda mujer frente a las agresiones machistas del gobierno español y la ideología patriarcal que promueve la Iglesia Católica Romana.

Tras la referida comparecencia inicial, la cofradía ha llevado a cabo diversas manifestaciones de igual carácter y similar forma. Por ellas, la Asociación de Abogados Cristianos llevó la protesta a los tribunales amparándose en el artículo 525 del Código Penal, que impone castigos a quienes “para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican”. **

No hace falta ser un lince para darse cuenta de la torpeza de ese artículo. Lejos de ser una defensa de la libertad de pensamiento es una protección del pensamiento religioso contra el pensamiento laico. Porque al pensamiento religioso se le permite manifestarse públicamente mediante procesiones y actos similares, en tanto que no se permite manifestaciones contrarias a las creencias religiosas.

La aconfesionalidad del estado español que la constitución vigente desde 1978 explicita no pasa de ser pura retórica. La toma de posesión de los presidentes del gobierno y ministros se siguió haciendo sobre la Biblia y ante un crucifijo desde entonces hasta el 2 de junio del corriente año, en que el actual presidente juró sobre la Constitución.

La presencia de miembros del Opus Dei en puestos clave de la judicatura da sentencias semejantes a las que se daban en los años de la dictadura. Se enjuicia y condena a raperos, cantantes y titiriteros por supuestas ofensas a la corona, incitación al odio o al terrorismo al igual que en aquellos nefastos años. Se acusa de subversión con violencia a quienes organizan manifestaciones pacíficas y se les tiene en prisión preventiva. ¿Qué más hace falta para protestar por el proceder de la justicia española?

Las “procesiones” de la Hermandad del Coño Insumiso forman parte de los muchos actos de protesta encabezados por mujeres en denuncia de la opresión patriarcal que la Iglesia y el Estado vienen generando en la sociedad española desde siglos. La insumisión, la lucha por la libertad, por la igualdad de derechos, por el respeto mutuo tiene diversos frentes y cada victoria en cada uno de ellos es un acercamiento a la victoria total.

Las buenas gentes católicas, conservadoras por convicción y tal vez incluso por naturaleza, no acogen bien estos ataques a la Santa Madre Iglesia. Tampoco a las no tan católicas pero sí bien educadas les agrada esa forma de lucha popular, descarada, cargada de expresiones “groseras”. Las buenas maneras son un referente de distinción, de clase social, a la vez que una herramienta en pro del inmovilismo.

Lo popular es una amenaza para los privilegios de clase. Siempre fue así, porque siempre los modales exquisitos estuvieron reservados a las clases acomodadas en este mundo plagado de desigualdades. Razón de más para derribar prejuicios.  

Vivimos tiempos difíciles. El neoliberalismo embiste con fuerza en el mundo entero. El fascismo renace en Europa. No hay otra alternativa que luchar o sucumbir. ¡Bendita sea, pues, la Cofradía del Coño Insumiso! /PC

sábado, 8 de septiembre de 2018

El intrincado laberinto político hispano-catalán



Alguien señaló que el patriotismo es amor, en tanto que el nacionalismo es odio. Quien ama contribuye y colabora. Quien odia combate, invade, oprime, degrada, menosprecia y destruye. El amor es vida. El odio es muerte.

No es exageración decir que el odio protagoniza hoy la mayor parte de la política de esta España impregnada hasta los tuétanos de ideología fascista. El espíritu dictatorial que propició el levantamiento golpista en julio de 1936 prevalece en gran parte de la población española. Los poderes fácticos que sostuvieron la dictadura desde 1939 hasta 1978 siguen activos. La transición que dio paso a la actual democracia no pasó de ser un puro maquillaje.

Ya fuese por convicción o por pura circunstancia, el pueblo catalán estuvo hasta el último momento en el bando republicano. Sufrió los bombardeos de la aviación fascista del ejército que se autodenominaba Nacional. Luego padeció la represión y la limpieza ideológica que siguió a la guerra. Y durante los años de la dictadura tuvo que soportar un sinfín de prohibiciones de orden cultural y toda clase de vejaciones relacionadas con la identidad catalana.

El origen de aquella guerra, que tanto ha marcado a gran parte de la población de España y cuyas secuelas todavía perduran, está en la secular codicia de las clases dominantes. Una codicia generadora de injusticias que el pueblo español quiso enmendar democráticamente y las clases privilegiadas impidieron con un golpe de estado. Las armas desalojaron a las palabras. Nada nuevo en la historia del mundo ni en la de esta España que pretende hoy ser democrática sin más cambio que el de las apariencias.

Cientos de miles de muertos durante aquella guerra que duró tres años y más de ciento cincuenta mil asesinados durante el régimen de terror que la siguió no se borran fácilmente de la memoria. Los sentimientos de derrota perviven generación tras generación a lo largo del tiempo.

El pueblo catalán ha sido y sigue siendo aún un pueblo vencido. Un pueblo sometido a gobiernos que nunca condenaron el golpe militar que nos llevó a la guerra. Que nunca condenaron los bombardeos sobre nuestras ciudades repletas de población civil. Ni la criminal represión de la dictadura. Ni la imposición de leyes injustas. Ni las condenas de los jueces fascistas…

A nadie le extrañe, pues, que queramos sacarnos ese yugo de encima. Y a nadie le extrañe tampoco que en ese afán de independencia haya una buena dosis de odio hacia el opresor.

Pero no es ese el único odio a tener en cuenta. Las guerras han cambiado mucho en estos últimos tiempos, pero aun así, los agresores buscan la adhesión de la población que está bajo su control. Y eso ocurrió en aquella guerra. Las derechas se unieron en un discurso común contra los insurrectos que pretendían cambiar el orden constitucional y limitar el privilegio de las clases dominantes en beneficio de las dominadas.

El discurso de la derecha, pregonado y bendecido por la clerecía católica española, se instaló en el corazón de la población conservadora en forma de odio a lo rojo, a lo subversivo, a lo reivindicativo, a lo contestatario. Un odio que fue avivado durante todos los años de la dictadura y aun después. Un odio que criminaliza toda disensión del pensamiento hegemónico y que está en la base del electorado de los principales partidos políticos actuales.

El odio a los rojos no podía por menos que ser correspondido. Primero fue odio a la dictadura, a los que hicieron la guerra y la ganaron. Luego, pasando el tiempo, la limpieza ideológica que dejó despolitizada la población española hizo que ese odio quedase solo en una pequeña parte del pueblo sobreviviente. Más tarde, las políticas de desarrollo económico que a partir de los años 60 llevaron a cabo los ministros de economía del Opus Dei acabaron diluyéndolo.

Se acabó la dictadura y aparentemente se acabó el odio. Pero no fue así. Los sentimientos no desaparecen. Se transforman, se enredan, se confunden, se desorientan… Pero persisten. Aquella España de espíritu imperial que nos bombardeó, que nos impuso su autoritarismo dictatorial y que nos lo sigue imponiendo no puede ser en modo alguno la patria del pueblo catalán. El deseo de libertad sigue vivo en el alma de este pueblo que se siente sometido.

De ese viejo sentimiento ha querido valerse parte de la derecha catalana para permanecer en el gobierno mediante un discurso nacionalista. Ha logrado promover grandes movilizaciones que están poniendo al descubierto dentro y fuera de España la ideología autoritaria que rige en el estado español. Pero también ha reactivado con ello parte del nacionalismo español sembrado por los medios de propaganda de la dictadura, del cual se está aprovechando la nueva derecha española.

Odio a lo español. Odio a lo catalán. Nacionalismos saliendo a la calle y en el primer plano de la política. Una niebla espesa sobre las decisiones políticas que atañen al bienestar del pueblo. Y un laberinto político-emocional que pone a la población de Catalunya en manos de las derechas neoliberales catalana y española. Un auténtico desastre.

Solo cabe esperar que reaparezcan las fuerzas de izquierda, esas que ponen el bien común donde la derecha pone el beneficio de las clases privilegiadas. Esas que el tsunami independentista eclipsó. Que reaparezcan cuanto antes y aprovechen debidamente esta “primavera catalana”. El mundo no va a cambiar de hoy para mañana pero si nos esforzamos quizá podamos hacer que el entorno que nos rodea sea menos malo.  /PC

PUBLICADO EN:
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miércoles, 18 de abril de 2018

Clamores de República en el Reino de España


El pasado día 14 de este mes de abril, primavera en el hemisferio boreal, conmemoramos en España el 87 aniversario de la proclamación de la Segunda República Española. Aquel acto prometía hacer realidad el cúmulo de anhelos agolpados en el alma de una gran parte de la población que rechazaba la arbitrariedad de quienes venían gobernando hasta entonces.

Poco tardaron las fuerzas reaccionarias de la España profunda en declararle la guerra a esas nobles aspiraciones de justicia social y a cuantas acciones en pro de un mundo mejor se emprendieron a partir de aquella fecha. La intolerancia y la maldad entronizadas en el corazón de gran parte de las clases bienestantes hicieron que no se resignasen a perder unos privilegios que condenaban a la pobreza a la mayor parte de la población española. Un golpe militar abrió la puerta a tres luctuosos años de guerra civil que culminó con el triunfo de los golpistas.

En aquella guerra se aunaron todas las fuerzas del mal que tenían poder en aquellos tiempos. Los militares golpistas españoles contaron con la ayuda material de la Alemania nazi y la Italia fascista. La Inglaterra y la Francia burguesas colaboraron con ellos embargando productos de primera necesidad que el legítimo gobierno republicano español les compraba. Y otro tanto, aunque no de forma clara y formal, hizo la Unión Soviética que, bajo las órdenes del dictador Stalin, demoró el suministro de armamento a las fuerzas republicanas hasta que estuvieron eliminados los combatientes de las milicias libertarias españolas. Nadie quería cambios en aquel mundo de injusticia, salvo quienes la padecían.

Los años de la guerra civil y los de la cruel dictadura que siguieron fueron una auténtica cacería de brujas. Todo atisbo de pensamiento contrario al fascismo imperante fue condenado a muerte. Miles de asesinatos ensangrentaron las manos de quienes se hicieron con el poder. El régimen de terror que impuso aquella dictadura se proponía la desideologización del pueblo. Y hay que reconocer que casi lograron su objetivo porque durante cerca de ocho décadas han mantenido el orden que impusieron.

Pero las victorias no son caminos para la paz porque nunca las derrotas son definitivas. Por más que se quiera someter a un pueblo y extirpar de su alma el afán de justicia, este rebrotará tarde o temprano. Quienes apuestan por la injusticia tienen que abarcar tantos ámbitos que por un lado u otro se les abrirán frentes. Tal es el caso de la revuelta independentista catalana. Cinco siglos de permanente humillación han dejado huellas profundas en el alma del pueblo, el cual se rebela y clama por una República Catalana independiente del Estado español opresor.

Hay puntos en común entre aquel pueblo republicano español de los años treinta y el del pueblo catalán actual. Ambos claman contra la injusticia institucional y contra la podredumbre moral de quienes ejercen el poder. Nadie quiere ser esclavo de nadie. La libertad es un bien irrenunciable, por más que la astucia capitalista la quiera intercambiar por los abalorios de una sociedad consumista.

La República Española proclamada en 1931 fue derrotada por el fascismo y la intolerancia. El espíritu que animaba a los políticos republicanos era transformador de leyes y normas, pero no era revolucionario, no aspiraba a transformar en profundidad el orden social. No obstante, con fines electoralistas, para ganarse el favor del pueblo, hicieron promesas que iban más allá de lo que se proponían hacer. Cuando el pueblo exigió lo prometido se echaron atrás. Podríamos decir que, en cierto modo, engañaron al pueblo. Pero aun así, tras la rebelión militar, el pueblo se organizó y lucho al lado de la República contra los fascistas golpistas.

Acá en Catalunya vemos hoy día algo similar. Los políticos que promovieron la revuelta independentista sabían bien que la independencia no era posible, que tenían frente a ellos un Estado poderoso al cual no podrían vencer. Pero durante cinco años, mediante un bien estudiado proceso desinformativo, le hicieron creer al pueblo que sí era posible. Y el pueblo lo creyó y se lanzó a por la tan anhelada República Catalana, la cual fue proclamada por el Parlamento Autonómico de Cataluña presidido por Carles Puigdemont el pasado 27 de octubre. El Estado español declaró de inmediato inconstitucional tal declaración y puso en marcha todos sus mecanismos jurídicos para detener lo que consideró una ilegalidad.

No es probable que esa República Catalana, a la cual una gran parte del pueblo catalán aspira, pueda llegar a buen fin. Parece tan imposible como las aspiraciones del pueblo que apostó por quienes proclamaron la Segunda República Española. Todas las fuerzas políticas europeas están hoy de parte del Estado español como estuvieron entonces al lado de los golpistas, porque ese era entonces y es ahora el modo de garantizar la continuidad del sistema establecido.

La lucha por la dignidad del ser humano en un mundo en manos de seres deshumanizados es cruel y dura. No en vano los violentos se han preparado siempre para ejercer la razón de la fuerza, en tanto que quienes aman la paz y la justicia han cultivado el amor y la fuerza de la razón. Pero estamos convencidos de que con triunfo o sin él, la actual rebelión catalana no será inútil. Aumentará el número de agravios, refrescará la memoria y enardecerá los ánimos de otros combatientes que seguirán a los de ahora.

La vida es confrontación, esfuerzo y lucha. Si algún día quienes pelean por un mundo mejor bajasen los brazos y se rindiesen, la humanidad entera perecería, porque el planeta Tierra quedaría por completo en manos de codiciosos y violentos. /PC

Publicado en ECUPRES
https://ecupres.wordpress.com/2018/04/23/clamores-de-republica-en-el-reino-de-espana/

lunes, 2 de abril de 2018

Crítica y alabanza del independentismo catalán


Cuando la ley es injusta, rebelarse es un deber.


La persecución estatal al independentismo catalán está en su punto álgido. Líderes encarcelados y otros en búsqueda y captura. Es evidente que el gobierno español está dispuesto a liquidar esa aspiración política por vía carcelaria. Los primeros encarcelados han sido Jordi Cuixart y Jordi Sánchez, presidentes de las organizaciones Omniun Cultural y Assemblea Nacional Catalana respectivamente, a quienes se acusa de organizar y dirigir manifestaciones violentas, una acusación falsa por cuanto que en ningún momento hubo tal violencia.

El gobierno español apela a la legalidad vigente. Pero desde una perspectiva de derechos humanos esa legalidad es cuestionable en grado sumo. Manifestarse públicamente debe ser un derecho en toda democracia, por lo cual organizar y dirigir manifestaciones no puede ser delito. Y desde la misma perspectiva, los delitos de sedición y rebelión que contempla el código penal español tampoco tienen razón de ser en un Estado democrático. La Ley a la cual apela la justicia española para encarcelar a líderes independentistas es injusta a todas luces. Luego si injustamente se persigue al independentismo catalán, ¿no es esa injusta persecución razón más que suficiente para que el pueblo catalán quiera librarse de la tiranía española?

Lo propio de las dictaduras no es tan solo que se hayan impuesto con violencia sino que con violencia permanecen y niegan derechos fundamentales. Eso tiene en común la actual democracia española con la dictadura que la precedió. Leyes injustas impuestas bajo la amenaza de las armas que sirven a gobernantes y jueces para imponer su voluntad a toda la población. Ninguna opción de disenso. Ningún resquicio a la protesta. El aparato represor del Estado blinda el inmovilismo legislativo y garantiza la sumisión de la ciudadanía.

Casi cuatro décadas de un régimen de terror, tras un genocidio que acabó con miles y miles de personas asesinadas, de las cuales más de ciento veinte mil permanece aún hoy día en paradero desconocido, configuraron un pensamiento colectivo de docilidad extrema. Rojos e insumisos habían desaparecido para siempre del panorama político y social español. La brutal limpieza ideológica fue completada por la Iglesia nacional-católica que lavó las mentes de las nuevas generaciones  durante los años de la dictadura. A la muerte del dictador la sumisión estaba asegurada. Solo hizo falta un poco de maquillaje para darle forma de democracia a lo que seguía siendo la dictadura de los mismos poderes fácticos. Gatopardismo cien por cien. Apariencia de cambio sin que el poder real cambiase en absoluto de mano.

El individualismo implantado por el capitalismo mediante la competencia  profesional, más el consumismo como forma de vida aseguraron la paz social hasta que apareció la crisis. Pero aun en plena debacle económica, la inercia y la carencia de organizaciones políticas capaces de aunar el descontento para generar protestas mantuvo la calma hasta que en 2010 explotó la primavera árabe y, como un eco, aparecieron en el estado español en 2011 los indignados.

En Cataluña las protestas se centraron en las privatizaciones de servicios públicos y recortes presupuestarios que llevaba a cabo el gobierno autonómico presidido por Artur Mas. Hubo acampada de indignados en la Plaza de Cataluña y una gran manifestación cercó el parlamento catalán impidiendo el acceso al presidente al pleno parlamentario. Hubo represión policial y detenciones.

En ese momento el gobierno catalán de derechas necesitaba desviar el malestar del pueblo hacia un enemigo externo, para lo cual acusó al gobierno español de todos los males que justificaban las protestas y organizó una gran manifestación independentista que tuvo lugar en 2012 el 11 de setiembre, día de la Nación Catalana. Al presidente español Mariano Rajoy le fue como anillo al dedo ese movimiento separatista que amenazaba la unidad de España, de modo que a partir de ese momento el independentismo catalán se convirtió en tema casi único de la política española en los medios de comunicación españoles y catalanes.

El pueblo catalán se adhirió sin demasiada crítica a un movimiento que prometía librarlo de la tiranía del estado español. Un continuo de festejos cada once de setiembre, un gallardo flamear de banderas estrelladas en balcones y azoteas, una presencia casi permanente del independentismo en TV y prensa autonómicas catalanas, conferencias de prestigiosos personajes, mítines… Una esplendente movilización enardecía los ánimos de un pueblo que llevaba mucho tiempo sintiéndose humillado por el estado español. Lástima que en el origen de todo ese movimiento, más que un afán de justicia hubiese el espurio interés de un partido político, algo que los organizadores se cuidaron bien de ocultar y que la mayor parte del pueblo no supo ver.

A día de hoy el caos se está apoderando del independentismo catalán. Encarcelados los dirigentes y moderadores de las manifestaciones callejeras quedan estas sin líderes que las contengan. El riesgo de que la insensatez tome las riendas de las protestas populares es alto. Cortes de calles y de rutas, invasión de edificios oficiales, agresión a la policía… Nada más desfavorable al independentismo y más favorable a los represores. Si a la fuerza del Estado le añadimos el desacierto de quienes lo enfrentan, el desenlace resulta fácilmente previsible.

Pero lo perverso de las guerras consiste en que no es posible mantenerse neutral sin encontrarse entre dos fuegos. Hay que elegir enemigo, se quiera o no. Se está con el Estado represor o se está con el pueblo que reclama sus derechos aunque los reclame mal. No hay más. La violencia institucional genera indignación y lamentables respuestas violentas. Quienes administran el poder del Estado deben reflexionar y cambiar de actitud. De no hacerlo, la paz no llegará, porque son ellos quienes están llamando a la guerra. ¿Quién sino el Estado español lleva años desoyendo los reclamos del pueblo catalán? ¿Quién encarcela sin razón a los líderes independentistas?

A poco realistas que seamos vemos que esta revuelta catalana tiene muy pocas posibilidades de triunfar. Empezó con el engaño del partido de derechas catalán que mintió en cuanto a sus objetivos. Siguió con una estrategia errónea al no ofrecer nada que pudiese motivar a las capas más desfavorecidas de la población, las cuales son mayormente de origen español. Y se equivocó por completo al declarar unilateralmente la independencia. Pero sea cual sea el resultado final, la aventura independentista habrá servido para evidenciar el talante dictatorial del estado español y la intolerancia de quienes lo regentan. Y aun cuando el independentismo pierda esta guerra, puede muy bien ser que salga reforzado, porque ni las victorias ni las derrotas son definitivas. Solo la paz es duradera si se fundamenta en los principios de fraternidad, igualdad y libertad. /PC



domingo, 25 de marzo de 2018

Sigue y crece la represión estatal sobre Cataluña


El conflicto hispano catalán se recrudece. El juez Pablo Llarena ha hecho ingresar en prisión a Carme Forcadell, Dolors Bassa, Jordi Turull, Raül Romeva y Josep Rull. Con Oriol Junqueras, Joaquim Forn, Jordi Cuixart y Jordi Sánchez son nueve ya los políticos catalanes que el Estado español tiene retenidos en prisión preventiva. También ha cursado una orden de detención internacional contra Puigdemont, Marta Rovira y otros cuatro huidos, por la cual ha sido detenido Puigdemont en Alemania.

No hay lugar a duda alguna respecto a la afinidad ideológica de quienes ejercen el poder hoy día en el Estado español con la de quienes protagonizaron los años de dictadura. Al igual que en aquellos tiempos, el poder judicial actúa de acuerdo con el poder político. La represión es total. Los derechos humanos garantizados por la Constitución no cuentan en absoluto para quienes gobiernan y enjuician.

La escandalosa actuación de la cúpula judicial española ha movilizado a gran parte de la población catalana y ha llegado hasta el Grupo de Trabajo de Detenciones Arbitrarias de las Naciones Unidas. A día de hoy ha habido grandes manifestaciones en diversas poblaciones de Cataluña y en Barcelona se han producido enfrentamientos con la policía en los que han resultado heridos varios manifestantes.

La conducta de los poderes estatales nos ha devuelto a los viejos tiempos de la dictadura, cuando legisladores, gobernantes y jueces respondían a los intereses de los poderes fácticos y actuaban conforme a una única ideología, sin respeto alguno por los derechos humanos. Eso hace que al igual que en aquellos tristes tiempos de lucha política, más allá de personales ideologías y de objetivos políticos, el pueblo se una en el rechazo a la brutalidad estatal.

El desafecto hacia el Estado español sobrepasa ya al afán de independencia y alcanza a gran parte de la población catalana, sea o no independentista. El rechazo a la razón de la fuerza, único argumento que ampara la conducta represiva de los políticos y jueces que actúan contra los independentistas catalanes, es un rechazo a todas las imposiciones antisociales de esos paladines de las clases privilegiadas que desde remotos tiempos oprimen a los pueblos de España, catalán incluido. El alma del pueblo despierta de su letargo ante los manifiestos abusos de poder de quienes gobiernan.

No esperaba tanto la derecha catalana que puso en marcha el proceso independentista para silenciar las voces de los indignados que protestaban por la política neoliberal del gobierno. Su objetivo no era la independencia de Cataluña, según proclamaban, sino su permanencia en el poder. Mintieron cínicamente, pero cometieron el gran error de subestimar al pueblo. Pensaron que lo podrían manejar, que podrían detener las protestas en el momento que les conviniera. Creían tener en sus manos las bridas de un castrado jamelgo, pero se encontraron con un indómito pura sangre.

El independentismo catalán no es distinto de los demás independentismos. Tiene como origen el secular abuso del Estado español sobre el pueblo catalán y se manifiesta y actúa de la misma forma que todos los independentismos, con odio hacia el Estado opresor. Sabemos que ese odio está más que justificado, pero no podemos apostar por él porque no creemos que pueda ser fuente de paz. Las acciones de los independentistas catalanes provocan reacciones de los poderes estatales que evidencian la tiranía de su talante político, pero difícilmente servirán para menguarla y aun puede ser que la refuercen. No en vano un estado es una institución de poder.

El pueblo catalán ha apostado por la protesta. Sale a la calle, alza la voz y pone el cuerpo. El gobierno español opta por la violencia policial y jurídica. Palo y cárcel para los insurrectos. Quieren someternos, quieren destruir nuestra capacidad de protestar. No admiten otra ley que la que ellos imponen. Actúan como sus predecesores, los gobernantes de la dictadura presidida por Franco. Mal camino para la paz. El pueblo catalán tiene una larga historia de luchas y revueltas y no se rendirá.

Tal vez la brutal represión estatal logre acallar las protestas. Quizá consiga una tregua, como la que logró la dictadura. Pero difícilmente logrará la sumisión que se propone. Será el afán de independencia, o el de justicia social, pero tarde o temprano los opresores serán víctimas de sus propias acciones. La vía de la violencia no es camino de vida para nadie, ni para quienes teniendo la razón de la fuerza la ejercen. /PC

PUBLICADO EN ECUPRES
https://ecupres.wordpress.com/2018/03/26/sigue-y-crece-la-represion-estatal-sobre-cataluna/


jueves, 8 de febrero de 2018

La “incomprensible” motivación de la revuelta independentista catalana


Suspendida sine die la autonomía catalana por el Estado español. Encarcelados algunos de los líderes independentistas y exiliados otros, todo indica que la revuelta independentista catalana se halla en serio aprieto. Y no obstante no parece que cunda el desánimo. Las tres formaciones independentistas buscan afanosamente el modo de investir presidente al depuesto Puigdemont, algo complicado porque lo impide la Justicia española.

Son muchas las opiniones que desde el 1 de octubre acá se vienen manifestando, tanto en favor del Estado español como de Cataluña. No es fácil hacer una síntesis y mucho menos tomar partido. Hay considerandos para todos los gustos. Pero como en todos los nacionalismos el corazón es quien manda. Y ya sabemos que las razones del corazón no las entiende la razón.

Todas las historias tienen un pasado sin el cual no es fácil entender el presente. La relación de Cataluña con el estado español no es ninguna excepción. Motivos hay más que suficientes a lo largo de siglos para que el pueblo catalán sienta hondo rechazo a las imposiciones de los gobiernos de España. Pero los pueblos no se rigen por la historia escrita sino por la vivida, que nunca alcanza muy lejos. Para entender lo que está ocurriendo en Cataluña conviene fijarse en lo que pueda permanecer vigente en el ánimo de la población independentista.

Vivimos en un mundo banal. La mayor parte de la gente huye de los planteamientos trascendentes y se limita a lo que mantiene vivo su ánimo. El bienestar personal y familiar debiera ser uno de los mayores incentivos, pero deja de serlo en la medida que escapa al propio control. La condición social que cada cual ha alcanzado en función de su origen, capacidad natural, nivel de estudios logrado y otros factores es difícilmente modificable. Por esa razón se acoge a los estímulos que puede controlar.

Relaciones personales, deportes, viajes, espectáculos de todo orden pero preferentemente competitivos son los recursos más comunes de los que se echa mano para hacer subir la adrenalina y mantener latiendo el corazón. Y entre los espectáculos, no cabe duda de que el futbol ocupa un lugar preferente. ¿Quién permanece indiferente ante la victoria o la derrota del club local en un campeonato?

En noviembre de 1899 se fundó el Fútbol Club Barcelona “Barça”. En octubre de 1900 se fundó, también en Barcelona, el Real Club Deportivo Español, tras lo cual se estableció una rivalidad que corresponde a lo que representan los nombres de ambos clubs, Barcelona y Español. Pero en noviembre de 1901 se fundó el Real Madrid Club de Fútbol. La disputa entre lo catalán y lo español dejó de tener dimensión local para tenerla estatal.

Con los años, el Barça pasó a ser “ALGO MÁS QUE UN CLUB” y se convirtió en el abanderado de todo un sentimiento patriótico, entre romántico y realista que revivía la secular lucha del pueblo catalán por sobrevivir ante un Estado invasor y genocida. La agresión golpista a la población catalana que defendió hasta el final la legitimidad republicana se hacía presente en cada partido y a lo largo de toda la Liga. Cada triunfo del Barça era una victoria del pueblo catalán y cada triunfo del Real Madrid era una dolorosa derrota.

Contrariamente a lo que pudiera suponer alguien que no vivió en Cataluña aquellos duros años de dictadura, los medios informativos españoles públicos y privados, contribuyeron no poco a fomentar esta visión, con la cual mantuvieron vivo el ánimo generado mucho antes por vejaciones que el tiempo había relegado ya al olvido de la mayor parte del pueblo catalán, por más que permaneciesen vivas en el inconsciente colectivo.

Gran parte de quienes hoy enarbolan banderas independentistas no son capaces de dar una razón convincente de por qué lo hacen. Las más de las veces responden con relatos plagados de tópicos cuando se les interroga y son incapaces de ahondar en su personal motivación. Pero eso no significa que razones no haya para luchar contra las imposiciones del Estado español, que siempre mantuvo con Catalunya una relación de vencedor a vencido y la sigue manteniendo.

Ninguna guerra se gana para siempre. El vencedor no puede seguir sometiendo al vencido a perpetuidad porque tarde o temprano el vencido tratará de recuperar la dignidad que le ha sido arrebatada. Las relaciones entre pueblos son relaciones entre personas y como tales deben ser cuidadas por quienes tienen a su cargo responsabilidades públicas. El Estado español no solamente no las cuida sino que hurga en las heridas. Las consecuencias de tal modo de actuar pueden llegar a ser graves. Por más que no lo parezca, hasta lo banal trasciende. /PC